Cultura Mocoví


Los mocovíes eran nómades, en sus largas travesías llevaban su casa a cuesta, usaban el antiguo paravientos o toldito de estera, por lo fácil que resultaba transportar y armar.
Posteriormente vivieron en chozas hechas con un armazón de ramas y una cubierta de paja de forma oval y una altura máxima de dos metros.
Con respecto a la vestimenta, estaba constituida por el clásico manto de pieles, lo fabricaban con pieles de nutrias cocidas unas con otras y pintaban con líneas rojas la superficie exterior. A partir del siglo XIX comenzaron a sustituir el manto de piel por otro de lana tejido.
Como adorno utilizaban el tatuaje del rostro, la pluma en la cabeza y los tobillos, pulseras de distintos tipos, entre otros.
La familia guaycurú tenía base monogámica (una sola mujer), aunque se permitía la poligamia en los caciques.
La religión estaba dominada por el animismo y la magia. Sin embargo, coexistía la idea de un alto dios.
Los muertos eran enterrados con todos los objetos personales y algunos elementos, la choza del difunto era incendiada.
En caso de que el guerrero muriese lejos del lugar de enterramiento normal, se recogían sus huesos y se los llevaban al sitio de enterramiento habitual.

La caza y la pesca


Su sustento se basaba en la caza y la pesca, para realizar esto, su medio de transporte eran la canoa y la piragua hecha con los troncos de los árboles. La caza era una de las actividades de subsistencia de los guaycurúes. Se practicaba en forma individual o colectiva, y se empleaban diversas técnicas. Las presas favoritas eran el ñandú, el tapir, los venados  y los pecaríes (especie de chancho salvaje muy feroz).
Para cazar al ñandú utilizaban  boleadoras de dos bolas.
Los mocovíes disfrutaban especialmente de la caza colectiva de pecaríes.
Tan importante como la cazas era la pesca, individualmente se pescaba con lanza y con arco y flecha. El arco era corto y las cuerdas del mismo eran de tiras de cuero retorcidas.
Colectivamente se utilizaban redes armadas sobre dos varas largas atadas en los extremos, de esta, manera los mocovíes entraban al agua empuñando su red, la sumergían y cuando notaban que algún pez penetraba en la misma, la cerraban y la retiraban del agua.

Otros alimentos

Los guaycurúes también se alimentaban de los frutos silvestres que abundaban en los bosques. Los encargados de la recolección eran las mujeres, quienes recogían: higos de tuna, porotos de monte, frutos del algarrobo, del chañar, el mistol, de la tuca y del molle. Recolectaban también miel que encontraban el los árboles. Además de una agricultura rudimentaria sembraban: calabazas, abatíes, mandioca, maní, etc.

 La reducción aborigen.

A principios de 1741, los misioneros jesuitas Francisco Burges y José García, convencieron al Teniente de Gobernador Francisco Javier de Echagüe y Andía, para que los enviaran a fundar reducciones de aborígenes.
El Puerto de San Javier a Principio de siglo XX, constituía el único vinculo de la comunidad con el resto de la provincia.
Los jesuitas acompañados por un traductor emprendieron viaje a territorio aborigen, al poco tiempo de andar se encontraron con el cacique Ariacaiquin, quien escucho la propuesta de paz y amistad que ofrecieran los misioneros, el cacique acepto no solo entregarse a la reducción sino que al mismo tiempo cristianizarse él y sus seguidores.
El teniente de gobernador satisfecho por el suceso, dispuso que su gobierno se hiciera cargo del mantenimiento de la futura reducción, pero la hostilidad del cacique volvió a dominar sus instintos y así se revelo contra los santafesinos.
Ariacaiquin resulto muerto en una de las luchas contra los soldados, por lo que su hermano Citaalin pasó  a regir la tribu. Este y el cacique Aletin, resolvieron concertar nuevamente la paz con el blanco, para así fundar la reducción junto a los jesuitas.
Según acta del 4 de julio de 1743, el teniente de Gobernador  Francisco Antonio de Vera y Mújica por “auto de 27 de junio pasado tiene  mandado situar a un lugar mas conveniente, una reducción de aborígenes Mocovíes”.Fecha esta que se toma como la fundación de San Javier.

Llegada del Padre Florián Paucke


Esta reducción recibe en 1952 al padre Florián Paucke. Su  labor con los mocovíes fue de profundo respeto hacia  su cultura y costumbres.
Les enseñó diversas ocupaciones, artes y oficios lo que significó una transformación del modo de vida de los aborígenes. Tuvieron un acercamiento a la música, y Florián gran ejecutor de instrumentos, a los cuatro años de su llegada, había armado un coro de veinte niños mocovíes que actuaron en Santa Fe y luego fueron invitados a la Iglesia de San Ignacio en Buenos Aires.
Abrió talleres de herrería, fabricación de velas, jabones y hasta ladrillos egipcios, de adobes, iniciando distintas formas de construcción como el origen del encofrado.
Supervisaba las tareas de campo, huerta y la forja, y  a las mujeres les enseño a tejer lana para confeccionar frazadas que canjeaban en Asunción (Paraguay).
Fundó la primera escuela en la reducción y especialmente aprendió el idioma mocoví para comunicarse con el aborigen con cariño y desde el corazón creando un vínculo humano, sin precedentes, entre ambas culturas. 

Expulsión de los jesuitas  


En el año 1767 por la real orden de Carlos III de los extensos dominios de la  corona española, llega la orden de expulsión de  los jesuitas.
En San Javier el 21 de julio de 1767 se presenta el sargento mayor Don Francisco de Andino con una carta para el padre Paucke en la cual el teniente Gobernador le manifiesta la noticia, no obstante el continuaría en el ejercicio de su ministerio hasta nuevas ordenes. Días más tarde le es confirmado al padre Paucke que luego de cumplimentar ciertas formalidades seria reemplazado por el sacerdote Dr. Miguel de Zibúru, quien acepto reemplazarlo por la amistad que lo ligaba.
En los primeros días del mes de septiembre los misioneros fueron conducidos en varios coches de San Javier a Santa Fe. Conmovedoras escenas se vivieron por la tristeza que causo entre los aborígenes este increíble acontecimiento.
El 6 de septiembre de 1767 son enviados de Santa Fe a Buenos Aires, para que el 1º de abril de 1768,  72  jesuitas fueron trasladados en dos embarcaciones a Montevideo y el 3 de abril del mismo año Florián Paucke abandona las costas americanas.

Llegada de los padres Mercedarios


Luego de la expulsión de los Jesuitas, asumen la dirección de la reducción en 1768, los Religiosos de la Orden de la Merced (Mercedarios), nacida esta orden en el siglo XVII  en tierras de España, en Barcelona y ocupa aquí en San Javier un campo de acción rudo y peligroso, trabajando con heroísmo 40 años y fueron continuadores de la obra dejada por el padre  Paucke.
Se destaco la labor realizada por el padre Julián Ovelar, quien vivió 30 años en esta misión, desde 1770 hasta su muerte acaecida en diciembre de 1800, sus restos descansan en el suelo sanjavierino.
La cifra de aborígenes llega  a duplicarse  en 1785, más el pueblo no progresaba, y la causa fundamental estuvo en la legislación impuesta luego de la expulsión de los jesuitas, por lo cual los religiosos tenían solamente la dirección espiritual de la población. El gobierno político y económico estaba en manos de funcionarios del gobierno, comisarios o comisionados civiles.
Los Mercedarios permanecieron en esta misión hasta 1808. Estos Sacerdotes nos dejaron la devoción a Nuestra Señora de la Merced, elegida segunda patrona de San Javier.
  
Los padres Franciscanos


En 1812 se hacen cargo del pueblo de San Javier, los misioneros que dependían del colegio San Carlos de San Lorenzo. (Santa Fe).Estos permanecieron (aunque en forma interrumpida) hasta 1912, y en ciertos momentos de este lapso, tuvieron que soportar realmente sufrimientos y penalidades en el campo de esta misión.
En 1825, habiendo cumplido su mandato canónico, los misioneros de San Lorenzo se retiran de la reducción, en esta nueva etapa el aborigen Dionisio Ramírez, llamado Ovelar, mantiene viva la fe sembrada por los misioneros.
Después de sucesivos traslados en 1857 los Franciscanos vuelven a hacerse cargo de la reducción.
Esta misión se ve favorecida por un acontecimiento importante para el futuro de San Javier. El 3 de octubre de 1861, el prefecto de misión Fray Antonio Rossi, nombra como vice-presidente de la misión a Fray Hermete Constanzi.
En la reducción durante los primeros años secundo al padre Boidi, aprendiendo a la perfección el idioma mocoví.
Nuevos padecimientos ha de soportar esta población
En 1864 la salida del Padre Superior Boidi por cuestiones de salud lo obliga a retirarse al convento, donde luego de una penosa y larga enfermedad. muere a la temprana edad de 39 años.
En mayo de 1865 fue nombrado Superior de la misión el padre Hermete Constanzi debiendo cargar con todo el peso de la obra de afianzar esta misión que se encontraba un poco desorganizada.
Con espíritu sereno y una decisión inquebrantable, emprendió la reconstrucción que se le confiara.
Los indios cobraban animo, empiezan a labrar las tierras, abundantes cosechas vienen a reconfortarlos.
Para sacar la misión de la incomunicación en que se encontraba, se propuso acortar las distancias y por ello se abrió picadas en los montes, se sacaron raigones del río, se trazaron  e hicieron caminos por las islas, etc. de esta manera fue suprimiendo los peligros y abriendo sendas para que el progreso y la civilización llegaran a esta población.  
Durante el gobierno de Nicasio Oroño, por ley del 21 de julio de 1866, se concreta una medida que reviste importancia tanto para el aborigen como para todo el país. Se cambió su situación de reducción por la de colonos, dándoles parcelas en propiedad.  Posteriormente habrían de integrarse a este distrito agrícola, inmigrantes norteamericanos y europeos, provenientes estos últimos de Francia, Italia, Suiza, Inglaterra y Alemania.

Con todos ellos, aborígenes, criollos y gringos, se formó San Javier, su población a todos cobijó y les brindó sus posibilidades naturales, para que hicieran de esta tierra su hogar de siempre